¿A QUÉ SABEN LOS BESOS?
El otro día estaba viendo una película de esas románticas y se me planteó una pregunta que no pude ignorar: ¿a qué saben los besos?
No hace mucho que siento curiosidad por este tema. Cuando era pequeña, poco me importaba lo que llevara en la boca: perfectamente podría ser una piruleta a medio comer, como una ramita del suelo, pero ahora esa pregunta me reconcomía en el cerebro como un taladro. En las películas, dos jóvenes se besaban apasionadamente y podían tirarse así una eternidad. Seguramente eso lo hacían porque le encontraban un buen sabor al asunto ¿no? Aquella pregunta tomo tal parte de importancia en mi vida, que decidí hacer labor de investigación y preguntar a las damas de mi casa, las tres diferentes y únicas generaciones: mi abuela, mi hermana y mi madre.
Yo sabía perfectamente dónde podría encontrar a mi hermana: estaría en su cuarto, escuchando música a toda pastilla y manoseándose el piercin del labio, aquel que papá le había prohibido hacerse.
Entré directa y le planteé la pregunta:
-Sabrina, ¿a qué saben los besos?
-Bah! No son nada del otro mundo. La mayoría saben a tabaco y a alcohol. Un sabor amargo y pegajoso, como si no se esforzaran en salir de la boca.
-Gracias
Me largué de allí veloz como el viento. Me negaba a creer que un beso fuera algo tan asqueroso. Me acerqué a la cocina donde esperaba encontrar a mamá, y efectivamnte allí estaba.
-Mamá, ¿a qué saben los besos?
-Vaya, me extraña que me hagas una pregunta tan complicada… bien, los besos saben de muchas maneras, siempre dependiendo de quien te los de, por supuesto. Los de tu padre, siempre tienen tendencia a saber a café, a chicle de menta o a dulce de leche. Es una sensación fresca, como brillante en tu boca que te hace sentir muy bien. Pero, a que viene esta pregunta.
-A nada en especial, simplemente curiosidad.
Me sorprendió escuchar dos versiones tan distintas de un miso tema. Era como si cada una de ellas tuviera una idea totalmente diferente de a lo que sabe un beso. Ahora me tocaba escuchar a la voz de la experiencia, a la mujer más sabia de la casa y a la que yo amaba y admiraba un montón: mi abuela. La busqué en la sala de estar y no la encontré, subí a su habitación y allí tampoco estaba. Después de mucho buscar, la encontré bordando en la terraza. Y le pregunté con timidez:
-Abu, ¿a qué saben los besos?
-¡Vaya! Tu tan joven y ya haciendo estas preguntas-dijo con tono de enfado- no habrás pensado en echarte novio ¿verdad?
-No, simplemente tengo curiosidad
-Pues bien. Normalmente saben a caramelito de limón dulce como el azúcar, a experiencia y a mucho amor. Es una sensación muy suave y calentita que hace que te vibren las piernas de alergia.
-Muchas gracias Abu
-De nada niña, pero no te eches novio por lo menos hasta los 30, no cometas el error que yo cometí y haz cosas sola, tu misma, sin compañía de un hombre que te diga lo que tienes que hacer.
-Lo haré Abu
Todas las mujeres de mi casa habían opinado sobre a lo que a ellas les sabía un beso. Pero yo seguía sintiéndome incompleta, como si ninguna de estas respuestas acabara de convencerme. Supongo que dentro de mi había algo que quería comprobar por si mismo si las respuestas eran ciertas. Tendré que describirlo por mi misma, todavía me queda tiempo.
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